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La ciudad de Gandía ha sido cuna de dinastías poderosas. No en vano, los Borgia o Borja, si atendemos a la nomenclatura valenciana y olvidamos la italianización de su apellido, procede de esta urbe costera. De aquí emanó la gloria de una estirpe familiar enamorada del poder y algo deficitaria de escrúpulos pues fue dejando un reguero de negocios oscuros que ni el mismísimo Al Capone. De hecho, como si se tratase de una sucesión al trono, Alfonso y Rodrigo (padre e hijo) se calaron los ropajes de Papa. El primero bajo el nombre de Calixto III y el segundo con el de Alejandro VI. Pero remotos quedan los tiempos de esta familia y ahora, el viajero, prefiere hollar los monumentos, parajes y playas de esta villa valenciana que se degusta a cucharadas.
Así que las coordenadas no deben bailar: Gandía. Provincia de Valencia. La comarca de la Safor.
Qué visitar Palacio Ducal de Gandía o Palacio de los Borja Supone un ejemplo de arquitectura civil y, aunque su fachada es discreta, su interior sorprende con su patio de Armas, el salón de Coronas o la Galería Dorada. El ducado de Gandía fue adquirido por el cardenal Rodrigo Borja, que pronto ascendería a Papa, para sus hijos y, así, albergar las correrías de su ambiciosa prole.
Ayuntamiento Parece que la tarea burocrática se tramita mejor si la casa consistorial encarna todo un palacete construido en el año 1772. Como casi todos los edificios entregados a estos menesteres fue reformado en 1982 para ampliarlo y adaptarlo a las necesidades del ayuntamiento, de modo que sólo la fachada neoclásica pervive.
El torreón del pino Desde tiempos inmemoriales, este torreón ha tenido como consorte a un pino. Por lo tanto, cuando “enviudó” el ayuntamiento decidió “casarlo” con un nuevo ejemplar de la especie. El trotamundos se admirará del porte de este monumento; uno de los últimos vestigios de la antigua muralla del ducado de Gandía.
La antigua universidad o Escuelas Pías Dicha institución se fundó en 1549 por el duque Francisco de Borja. Aquí también advertimos huellas de la dinastía por excelencia de la ciudad. De hecho, en la plaza central el viajero se topará con cinco estatuas que representan a varios miembros de la saga familiar.
La colegiata Sobre el antiguo emplazamiento de una mezquita musulmana se erige hoy esta coqueta colegiata que se levantó en los siglos XIV y XV. Fue el mismo Alejandro VI, de la dinastía de los Borja, el que le concedió título de colegiata en una bula papal. Suena a tráfico de influencias, dada su vinculación con la villa, pero no importó porque la familia gandiense hacía y deshacía a placer. Aún así, desde esta Guía creemos que fue una de las pocas empresas decentes urdidas por este Papa.
Las esclavas del Sagrado Corazón de Jesús Si el trotamundos tiene prole, nada mejor que este precioso colegio para su instrucción. La iglesia corresponde al estilo neogótico y fue alzada en 1908 para ejercer de convento por las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Ahora, sus integrantes se han dado a la enseñanza.
Playas Quizás el viajero ande empachado de la estirpe de los Borja y desee borrar su recuerdo en las aguas de Gandía. Así que, luciendo palmito, nuestro turista se encaminará hacia su litoral de 5`8 kilómetros y que abarca desde la escollera norte del puerto hasta el río Vaca, en el término municipal de Xeraco. Eso sí, su afluencia no es apta para el amante de los chapoteos solitarios. Así que no debe sorprenderse ante su frondoso bosque de sombrillas, los edificios, hoteles y el paseo marítimo de su retaguardia, así como el Club Náutico con sus correspondientes veleros fondeados.
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